Y esta mañana me desperté abrazando tu sombra hueca,
la idea de una escencia vacía
desperté sola entre sábanas traslúcidas
deseando dejar marcas en tu piel con mis palabras
esperando que asi ya no me olvides.
Abrí los ojos y solo me encontré con fragmentos de pensamientos
extraños pedazos ensangrentados de recuerdos
y monumentos destrozados a los sueños que murieron,
que dieron su vida en batallas ya olvidadas.
Después, se presentó en mi mente tu mirada,
recordé el aroma de tu piel,
perfume exquisito,
emanación frágil y deliciosa,
encarnación de la pesadilla que hoy en día me hace delirar.
Quebranté las nostalgias con tus besos,
fragmenté los miedos y me encadené a tus manos
tus labios supieron encontrar lo oculto de mis ojos,
y presentaron muestras de aferrarse a ellos.
Deslizé tus cabellos entre mis dedos,
oscurecí mi vista con pasión
y busqué en tu piel restos de temor
ensangrentadas heridas invisibles
para que con mis caricias pudiera hacerte sentir mejor.
Miles de instantes recorrieron mi cuerpo,
momentos intermitentes en mi mente,
tantas madrugadas de sueños entrecortados
La melacolía pesa infinitamente,
se aligera al encontrar en tus dedos la suave sensación del anochecer,
invoco tu nombre, y evoco tu ser,
mientras suspiro los segundos para volverte a encontrar.